Qadesh (Primera parte)


[…] En 1274 a.C. Ramsés II dirigió sus tropas hacia Siria para enfrentarse a un poderoso enemigo: los hititas, encabezados  por Muwatalli II. La narración de la batalla -que apenas duró una jornada- ha quedado esculpida en los principales templos de Egipto. Se considera, por ello, el primer relato documentado de la táctica militar de la historia, además de ser la primera que dio lugar a un tratado de paz que ha llegado hasta nuestros días. El extraordinario aparato de propaganda de Ramsés II logró hacer pasar este episodio por una gran victoria, pero la verdad es muy distinta. Para muchos historiadores, este faraón fue de uno de los primeros genios de la propaganda personal y política. Las investigaciones de los relieves del «Poema de Pentaur», que recoge el relato de la confrontación y que mandó escribir el faraón, han desvelado la verdad histórica oculta tras la parcial versión egipcia, la de los aparentes vencedores.

PRIMERA GUERRA DOCUMENTADA

La batalla de Qadesh no es la más antigua de la que hay constancia en la historia. Los seres humanos llevan matándose desde Caín y Abel, según narra el Génesis. Con la anterioridad a esta confrontación se conocen otras, como la batalla de Megido, en el siglo XV a.C., con los mismos contrincantes: el ejército del faraón Tutmosis o Tutmés III (1479-1425 a.C.), el gran artífice del imperio egipcio, que en diecisiete campañas asiáticas convalidó Egipto como gran potencia, la coalición de los príncipes de Qadesh y Megido, situada al este del río Éufrates. Dos siglos después, egipcios e hititas seguirían riñendo por la posesión de ese territorio.

     De bastante tiempo antes también hay constancia de las campañas de Hammurabi, rey de Babilonia, en el siglo XVIII antes de nuestra era, o de los enfrentamientos en Mesopotamia entre diferentes reinos y ciudades-estado, que combatían por la hegemonía de la zona entre los ríos Tigris y Éufrates. Sin embargo, los documentos antiguos que ilustran estos conflictos no han llegado hasta nuestros días. Sólo han quedado sus huellas remotas en la arqueología.

     En contraposición, la batalla de Qadesh está bien detallada en papiros y relieves de templos que han sobrevivido durante milenios. Por lo tanto, tiene el honor de ser la primera en la historia que puede ser reconstruida gracias a los numerosos documentos egipcios y a una carta en alfabeto cuneiforme de Ramsés al rey hitita Hatusil III encontrada en Anatolia. «Es la primera batalla narrada de la que tenemos constancia. Hubo antes otras más importantes, pero nadie se fija en ellas o no están tan deformadas por los aficionados como ésta, que llena de inexactitudes las innumerables páginas de internet», sostiene Jesús J. Urruela Quesada, profesor de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid.

     De hecho, investigadores de la ciencia militar, analistas, historiadores, egiptólogos, militares y aficionados de todo el mundo llevan siglos estudiando la que se considera la última gran batalla de la Edad del Bronce -o la primera gran batalla de la Antigüedad, según la egiptóloga francesa Christine D. Noblecourt- gracias a todo tipo de detalles sobre el armamento y las referencias sobre la estrategia que se empleó, y de los que hoy hay constancia.

     Claro que su atractivo no está solo motivado por lo que supone en la historia el cambio de una tecnología militar a otra. Además, resulta interesante seguir su desarrollo en las tres fuentes antiguas perfectamente conservadas hasta hoy: el «Poema de Pentaur», extenso relato lírico de los sucesos que compuso el escriba personal del soberano; el «Informe» o «Boletín» militar conservado en forma de bajorrelieves que sobreviven al tiempo en cinco santuarios: en el Rameseum (el templo funerario de Ramsés II), Luxor, Abidos, Abu Simbel y Amón en Karnak; y el documento que formalizó la tregua entre ambos contrincantes, considerado el primer tratado de paz de la historia, con las diferentes versiones de los egipcios y los hititas.

     Pero no está sólo el poder de seducción de Qadesh. Esta batalla interesa a los estudiosos porque se trata de uno de los momentos más apasionantes de la historia de Egipto, ejemplo de la mejor vocación imperialista de los faraones, así como, en especial, de la maestría propagandística de Ramsés II.

     Exactamente, ¿cuándo ocurrió esta confrontación? En las culturas antiguas no es fácil datar adecuadamente los acontecimientos de acuerdo con la cronología actual. Los textos con frecuencia se contradicen, no están claros o simplemente falta información para fechar con exactitud. Los restos arqueológicos dan una datación aproximada.

     En la cronología egipcia, además, el tiempo se contaba partiendo del inicio del reinado de un faraón y dentro de la correspondiente dinastía. Con cada nuevo faraón se comenzaba de nuevo. Respecto a Qadesh, los textos egipcios hablan del quinto año de reinado de Ramsés II; el problema es que no está claro en qué año este faraón subió al trono. «Hay hasta tres cronologías egipcias diferentes. Los historiadores sabemos que nos equivocamos pero el problema está en que no sabemos si es hacia arriba o por debajo el desfase cronológico», afirma Jesús Urruela.

     Sobre el comienzo del reinado de Ramsés II, Claude Vandersleyen en su obra L’ Égypte et la vallée du Nil dice: «Saber con certeza la fecha, en cronología absoluta, en que Ramsés II llegó a ser rey es aún imposible. Tres fechas están en juego: 1304, 1290 o 1279 a.C. Cada una tiene sus partidarios. La tendencia es adoptar la fecha más baja, 1279». Así pues, habiendo sido la batalla de Qadesh en el quinto año de reinado de Ramsés II, sólo habría que restar cinco años a cada una de estas tres posibilidades para tener las respectivas posibles fechas de la contienda, habiendo preferencia, según este autor, por la más tardía: 1275-1274. De esta forma, la legendaria batalla se suele fechar en el verano de 1274 a.C.

Ramsés II en batalla

EL DOMINIO DE LAS RUTAS COMERCIALES SIRIAS

La rivalidad entre egipcios e hititas -conglomerado de tribus con una herencia cultural común que se instalaron en Anatolia hacia el año 2000 antes de nuestra era- se venía arrastrando desde un par de siglos antes y, sobre todo, desde la época del faraón Ajenatón (1352-1336 a.C.), quien descuidó su política exterior, debilidad que permitió que los hititas se anexionaran varias ciudades sirias sometidas a Egipto «en ese Oriente Próximo en perpetuo conflicto y formado por infinidad de ciudades-estados», explica la egiptóloga Noblecourt […].

     Esta pérdida territorial se convertiría en el caballo de batalla de los faraones de la XVIII y la XIX Dinastía. Durante el Imperio Nuevo (que comienza con la reunificación de Egipto en 1550 a.C. y está compuesto por las dinastías XVIII, XIX y XX), los faraones que adoptaron una política de conquista y de intervención en el extranjero, crearon un ejército profesional de gran prestigio. Dos siglos antes que Ramsés II, Tutmosis III dispuso de valerosos oficiales y de una tropa bien entrenada para luchar en sus diecisiete batallas.

     Por su parte los hititas, al verse acorralados por sus vecinos, tuvieron que basarse en su capacidad militar para sobrevivir como estado; su imperialismo se caracterizó, sobre todo, por su interés en la ocupación permanente de las ciudades-estado de Siria.

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