Batalla de Verdún


Si hablamos en términos de bajas, o de sufrimiento de los combatientes, la Batalla de Verdún probablemente esté en la lista de las batallas más terribles de la historia. El pequeño pueblo de Verdún descansa en un círculo de colinas, donde el principal camino a París cruza por el Río Meuse. Los alemanes tomaron ese paso tras un largo asedio en 1870, y diez años después ya se había convertido en un enclave fundamental de la nueva frontera franco-alemana.

A finales de 1915, los dirigentes del ejército alemán empezaron a centrar sus esperanzas ofensivas en este punto neurálgico. Pensaban que, en una posición muy favorable para que las tropas germanas estuvieran bien suplidas y apoyadas desde atrás, un ataque en Verdún haría que las tropas aliadas tuvieran que valerse de todo hombre disponible, de todo recurso capaces de movilizar, para defender la colina. Si no se conseguía tomar la ciudad, al menos se abrirían otros frentes y se asestaría al enemigo un golpe mortal, o eso pensaban los alemanes.

En efecto, el estado de las defensas de Verdún alarmó a la mayoría de los dirigentes del ejército francés. Muchos advirtieron que era del todo necesario reforzar la ciudad, y construir mejores defensas, pero el Comandante en Jefe francés Joseph Joffre desestimó unos consejos que él consideraba demasiado alarmistas.

El mal tiempo obligó a retrasar el ataque del Quinto Ejército Alemán, comandado por el Káiser Guillermo II, hasta el 21 de febrero de 1916. Empezó el asedio con un bombardeo bien planeado, que golpeó tanto posiciones de suministros y transportes como a las agazapadas filas de infantería. Ahora sí, alarmado por el peligro de un éxito alemán, Joseph Joffre envió a Verdún a su Segundo Ejército, cuya comandancia recayó en Philippe Pétain.

Philippe Pétain puso entonces en práctica una de sus características más pronunciadas como general: la de no arriesgar tontamente su mayor activo, las vidas humanas. Sus tropas le admiraban por ello, aunque solía recibir muchas críticas por pusilánime de los altos mandos militares. En esta ocasión, sin embargo, las tácticas conservadoras de Philippe Pétain salvaron Verdún. Decidió no hacer más costosos contraataques, y empleó la artillería para mantener alejadas a las tropas enemigas. Tras muchos ataques y ofensivas de todos los tipos, los alemanes se vieron obligados a retroceder por el número ingente de bajas que sufrían en cada aproximación.

La superioridad aérea que poco a poco fueron consiguiendo los franceses, hizo finalmente inviable el triunfo alemán, cercado ya por tierra y por aire, y su retirada definitiva de Verdún. Philippe Pétain salió muy reforzado, y dadas las divisiones cada vez más graves entre los comandantes franceses, fue promovido a un puesto superior, y pudo empezar una fulgurante carrera militar y política.

Se calcula que a lo largo de varios meses de batalla, murieron en Verdún más de trescientos mil soldados. Aunque hubo más bajas francesas que alemanas, la Batalla de Verdún se convirtió pronto en un episodio heroico de la resistencia francesa, y el eslogan empleado por Philippe Pétain para arengar a sus tropas -¡no pasarán!-, en el símbolo de la defensa de toda una nación.

Philippe Pétain (1856 – 1951)

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Batalla de Tannenberg


La batalla de Tannenberg de 1914 enfrentó a los Imperios Ruso y Alemán al comienzo de la Primera Guerra Mundial.

Los rusos habían enviado el plan de batalla por radio, sin cifrar los mensajes. Los alemanes interceptaron los mensajes y los tradujeron, de modo que conocían todos los movimientos del ejército de Alejandro II (1858 – 1918), zar de todas las Rusias, antes de que se produjeran.

El I y II Ejército rusos se encontraron con el VIII Ejército Alemán tras una maniobra ofensiva dirigida hacia Königsberg, en Prusia Oriental. Era el 17 de agosto de 1914.

Al principio, la batalla fue favorable para los rusos, que repelieron el contraataque alemán del 20 de agosto. El comandante alemán, Maximilian von Prittwitz (1848 – 1917), fue cesado cuando intentaba dejar toda Prusia Oriental en manos rusas.

Mientras llegaban reemplazos desde el frente occidental, el Jefe de Operaciones del VIII Ejército, Max Hoffmann (1869 – 1927), redistribuyó las tropas. El plan de Hoffmann consistía en dejar una fuerza de pantalla para relentizar al I Ejército ruso de Paul von Rennenkampf (1854 – 1918), que se aproximaba desde el este, mientras tendía una trampa al II Ejército de Alexander Samsonov (1859 – 1914) que avanzaba desde el sur.

El comandante de campo alemán, Hermann von François (1856 – 1933), permitió avanzar al II Ejército Ruso, cortando entonces sus ya delgadas líneas de suministro. Esto forzó una serie de rendiciones masivas, que llevó al II Ejército al borde de la destrucción cerca de Frogenau. A pesar de ello, el General Erich Ludendorff, agregando del nuevo comandante en jefe de las tropas Paul von Hindenburg, envió el comunicado oficial informando de la victoria desde el vecino pueblo de Tannenberg (Stebark), nombre con el que la batalla pasó a la Historia.

En lugar de informar de la pérdida de su ejército al zar Alejandro II, Alexander Samsonov se suicidó con un disparo en la cabeza el 29 de agosto de 1914.

La victoria alemana obligó a Paul von Rennenkampf a retirarse de Prusia Oriental, expulsando así a los invasores de territorio alemán. Los rusos permanecieron a la defensiva a lo largo del frente alemán durante el resto de la guerra.

 Paul von Hindenburg (1847 – 1934) y Erich Ludendorff (1865 – 1937) estudiando y planeando las operaciones

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Guerras contra Francia


Mantuvo las guerras con Francia, por el apoyo francés a los rebeldes flamencos, obteniendo grandes victorias en San Quintín (1557) y Gravelinas (1558). La primera de ellas ocurrió el 10 de agosto de 1557, festividad de San Lorenzo, en recuerdo de lo cual hizo edificar el Monasterio de El Escorial, edificio con planta en forma de parrilla (15631584). En este monumental edificio, el más grande de su tiempo (y llamado entonces la octava maravilla del mundo), y concretamente en la Cripta Real están enterrados desde entonces casi todos los reyes españoles y sus miembros familiares más cercanos.

En la Paz de Cateau-Cambrésis de 1559, Francia reconoció la supremacía hispánica, los intereses españoles en Italia se vieron favorecidos y se pactó el matrimonio con Isabel de Valois. Los problemas continuaron a partir de 1568 por el apoyo a los rebeldes flamencos de los hugonotes franceses.

Al término de las guerras italianas en 1559, la Casa de Austria había conseguido asentarse como la primera potencia mundial, en detrimento de Francia. Los estados de Italia, que durante la Edad Media y el Renacimiento habían acumulado un poder desproporcionado a su pequeño tamaño, vieron reducido su peso político y militar al de potencias secundarias, desapareciendo algunos de ellos.

En 1582 Álvaro de Bazán, el mejor marinero de la época, derrota a una escuadra de Corsarios franceses en la Batalla de la Isla Terceira, en la que se emplearon por primera vez en la historia fuerzas de infantería de tierra para la ocupación de playa, barcos y terreno, lo que se considera como «el nacimiento de la Infantería de Marina»

En 1590, aprovechando la muerte del cardenal de Borbón, rey de Francia por la Liga Católica, Felipe II intervino en las Guerras de religión de Francia contra Enrique IV. En los Estados Generales de 1593 convocados por el Duque de Mayene, como Lugarteniente General rival a Enrique IV, denegaron reconocer a Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, como reina de Francia, lo que aprovechó Enrique IV para convertirse al catolicismo.9 La posición y esperanzas de Felipe II se desvanecieron hasta llegar a la Paz de Vervins (1598), en la que se restablecía la paz de Cateau-Cambrésis.

1.1.1.   Batalla de San Quintín


 La batalla de San Quintín fue una batalla transcurrida el 10 de agosto de 1557, que se dio en el marco de las Guerras italianas entre las tropas españolas y el ejército francés, con victoria decisiva para España. Tras haber sido invadido en 1556 el Reino de Nápoles por las tropas francesas del duque de GuisaFelipe II ordenó a las tropas españolas que se encontraban en los Países Bajos españoles invadir Francia. La guerra abierta entre Enrique II de Francia y Felipe II de España entraba en su fase más crucial.

Una parte de las tropas españolas eran soldados de los Tercios viejos de Nápoles, por entonces bajo soberanía española.

1.1.2.   La Batalla de Gravelinas


 La Batalla de Gravelinas tuvo lugar el 13 de julio de 1558, en el pueblo de Gravelinas, cerca de Calais marcando el final de la guerra entre Francia y el Imperio español que se prolongó desde el año 1547 al 1559.

Tras la brillante actuación de Manuel Filiberto de Saboya en la batalla de San Quintín, Enrique II de Francia preparó su desquite. Reclutó un nuevo ejército en la Picardía, que puso en manos de Louis Gonzaga, duque de Nevers; pidió ayuda naval al sultán otomano y alentó a los escoceses a invadir Inglaterra por el norte. El duque de Guisa arrebató el puerto de Calais a los ingleses y avanzó hacia la ciudad de Thionville (frontera de Flandes y Francia), ciudad que tomó el 22 de junio de 1558. El señor de Termes invadió con otro ejército, formado por 12000 infantes, 2000 jinetes y mucha artillería, Flandes; tras pasar el río Aa por su desembocadura, conquistó Dunkerque y Nieuwpoort, amenazandoBruselas. De regreso a Calais por su gran ofensiva, es informado de que un ejército español le iba a interceptar en el río Aa.

 1.1.3.   Paz de Cauteu-Cambrésis


 La Paz de Cateau-Cambrésis fue el tratado de mayor importancia de la Europa del siglo XVI, por la duración de sus acuerdos, que estarán vigentes durante un siglo, y porque dará lugar a una nueva situación internacional. Supuso el inicio de la preponderancia española, y por tanto un desplazamiento de los problemas hacia Occidente, gravitación aún acentuada por la unión de Portugal a la Monarquía hispánica en 1580.

El tratado de paz fue firmado entre España (Felipe II), Francia (Enrique II de Francia) e Inglaterra (Isabel I de Inglaterra). Las conversaciones se iniciaron en la abadía de Cercamp, pero después se trasladarían al castillo de Cateau-Cambrésis. Cateau-Cambrésis, al que debe su nombre, es una comuna francesa unos 20 km al sureste de Cambrai.

El 2 de abril de 1559 los representantes de Francia e Inglaterra acordaron:

  • La entrega de Calais a los franceses por un periodo de 8 años. Transcurrido dicho período debería ser devuelto y, en caso contrario, deberían pagar 500.000 escudos de oro.

Al día siguiente, Felipe II de España y Enrique II de Francia acordaron:

  • San Quintín, Ham y Châtelet se devolvían a Francia, así como los obispados de Metz, Tolón y Verdún.
  • Las distintas plazas ocupadas por los franceses en Flandes pasaban de nuevo a España.
  • España retiene el Franco Condado.
  • Francia renuncia para siempre a sus ambiciones italianas y devuelve Saboya y Piamonte a la Casa de Saboya, Córcega a Génova y el Monferrato a Mantua.
  • Francia y España deciden trabajar acordes y activamente contra la herejía protestante, lo que va a propiciar en un futuro próximo las guerras de religión francesas.

La paz se consolidó con dos matrimonios:

  • Manuel Filiberto, duque de Saboya, con Margarita, duquesa de Berry, hermana de Enrique II.
  • Felipe II con Isabel de Valois, hija de Enrique II. La paz consolidó la hegemonía española.

Los tratados de Cateau-Cambrésis significarán un largo período de tranquilidad en la península italiana, tras el asentamiento del poder español y los problemas civiles franceses. Cuando en la segunda mitad del siglo XVII las tornas se vuelvan y la decadencia española sea evidente, Francia estará más interesada por otras áreas geográficas. Por tanto, hasta el siglo XVIII, los Estados italianos podrán vivir en paz, aunque marginados de los principales asuntos europeos.

Durante los festejos de celebración por la paz, una lanza atravesó el ojo de Enrique II, que murió poco después.

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Feudalismo


Se denomina feudalismo a la organización social, política y económica basada en el feudo que predominó en la Europa occidental entre los siglos IX y XV. Se trataba de propiedades de terrenos cultivados principalmente por siervos, parte de cuya producción debía ser entregada en concepto de “censo” (arriendo) al amo de las tierras, en la mayoría de los casos un señor.

Definición

Existen en general dos definiciones de feudalismo:

Definición institucionalista (por F.L. Ganshof): Designa un conjunto de instituciones que respaldan compromisos generalmente militares, entre un hombre libre, el vasallo (vasallus, vassus) y un hombre libre en situación superior. El primero recibe del segundo un feudo (feodum, feudum) para su mantenimiento.

Definición marxista: Un modo de producción con unas peculiares formas de relación socioeconómica, situado entre el esclavismo de la Antigüedad y el capitalismo moderno. Concretamente, se lo entiende como un conjunto de relaciones de producción y dependencia entre el campesino y el señor, propietario de la tierra que aquél usufructúa, en un momento de predominio de la agricultura como fuente de riqueza.

-El Feudalismo se puede entender también como la ruptura de todas las estructuras de poder Antiguo, en un sistema de fragmentación de la tierra donde el Señor es juez, administrador y militar de la misma. Todos los señores responden al monarca. Los campesinos ofrecen sus servicios y labran la tierra a cambio de la protección del señor feudal, y entre los señores se forman las relaciones feudovasalláticas antes mencionadas.

Uso del término “feudalismo”

El fracaso del proyecto político centralizador de Carlomagno llevó, a la formación de un sistema político, económico y social que los historiadores han convencido en llamar feudalismo. La Revolución francesa suprimió solemnemente “todos los derechos feudales” en la noche del 4 de agosto de 1789 y “definitivamente el régimen feudal”, con el decreto del 11 de agosto.

La generalización del término permite a muchos historiadores aplicarlo a las formaciones sociales de todo el territorio europeo occidental, pertenecieran o no al Imperio carolingio. Los partidarios de un uso restringido, argumentando la necesidad de no confundir conceptos como feudo, villae, tenure o señorío lo limitan tanto en espacio (Francia, Oeste de Alemania y Norte de Italia) como en el tiempo: un “primer feudalismo” o “feudalismo carolingio” desde el siglo VIII hasta el año 1000 y un “feudalismo clásico” desde el año 1000 hasta el 1240, a su vez dividido en dos épocas, la primera, hasta el 1160 (la más descentralizada, en que cada señor de castillo podía considerarse independiente); y la segunda, la propia de la “monarquía feudal”). Habría incluso “feudalismos de importación”.

 

Carlomagno, emperador del Imperio carolingio

Otros prefieren hablar de “régimen” o “sistema feudal”, para diferenciarlo sutilmente del feudalismo estricto, o de síntesis feudal, para marcar el hecho de que sobreviven en ella rasgos de la antigüedad clásica mezclados con contribuciones germánicas. Europa Oriental experimenta un proceso de “feudalización” desde finales de la Edad Media, justo cuando en muchas zonas de Europa Occidental los campesinos se liberan de las formas jurídicas de la servidumbre, de modo que suele hablarse del feudalismo polaco o ruso. El  Antiguo Régimen en Europa, el Islam medieval o el Imperio bizantino fueron sociedades urbanas y comerciales, y con un grado de centralización política variable, aunque la explotación del campo se realizaba con relaciones sociales de producción muy similares al feudalismo medieval.

Antecedentes

El sistema feudal europeo tiene sus antecedentes en el siglo V, al caer el Imperio romano. El colapso del Imperio acaeció por su extensión y la incapacidad del emperador para controlar todas sus provincias, sumando más incursiones de pueblos bárbaros. Esto provocó que los emperadores necesitaran gente para defender sus territorios y contrataran caballeros o nobles, éstos contrataran vasallos, villanos, etc. Se llegó a contratar a jefes y tropas mercenarias de los pueblos “bárbaros”.

A partir del siglo X no queda resto de imperio alguno sobre Europa. La realeza, sin desaparecer, perdió todo el poder real y efectivo, y sólo conserva una autoridad sobrenatural remarcada por las leyendas que le atribuyen carácter religioso o de intermediación entre lo divino y humano. En el plano micro, los pequeños nobles mantienen tribunales feudales que en la práctica compartimentalizaron  el poder estatal en pequeñas células.

 El nuevo poder

La Iglesia Católica abarcaba de todos los bienes llamados limosnas, conocedora de la fragilidad de los reinos y del poder que ella misma tiene en esa situación, durante los concilios de Charroux y de Puy consagra a los prelados y señores como jefes sociales y sanciona con grandes penas la desobediencia de estas normas. Los señores, a partir de ese momento, “reciben el poder de Dios” y deben procurar la paz entre ellos, pacto que deben renovar generación tras generación.

Se conforma así un modelo en el que la “gente armada” adquiere determinados compromisos sobre la base de juramentos y deben proteger el orden creado, y los eclesiásticos que forman la moral social y se encuentran salvaguardados por los señores.

 

Concilio de Clermont

Entorno, tareas y división de la nueva sociedad

El castillo encaramado sobre un alto será la representación del poder y la fuerza. En principio, baluarte que se daban las poblaciones para protegerse de las depredaciones. Luego, hogar del señor y lugar de protección de los vasallos en los conflictos. En un principio, las personas libres están sometidas a unas mínimas normas de obediencia, defensa mutua y servicios prometidos. Los demás son siervos.

En los países donde la dominación romana duró más tiempo (Italia, Hispania, Provenza), las ciudades se conservan. En los países, más al norte, donde los romanos se asentaron menos tiempo o con menor intensidad, la reducción de la población en las ciudades llegó a hacer desaparecer los pocos núcleos importantes que había y el feudalismo se implanta con más fuerza.

La sociedad se encuentra entonces en tres órdenes que, según la propia Iglesia, son mandatos de Dios y, por tanto, fronteras sociales que nadie puede cruzar. La primera clase u orden es la de los que sirven a Dios, cuya función es la salvación de todas las almas y que no pueden encomendar su tiempo a otra tarea. La segunda clase es la de los combatientes, aquellos cuya única misión es proteger a la comunidad y conservar la paz. La tercera clase es la de los que laboran, que con su esfuerzo y trabajo deben mantener a las otras dos clases.

 

Castillo de Wartburg

El vasallaje y el feudo

Dos instituciones eran claves para el feudalismo: por un lado el vasallaje como relación jurídico-política entre señor y vasallo, un contrato sinalagmático (es decir entre iguales) entre señores y vasallos (ambos hombres libres, ambos guerreros, ambos nobles), consistente en el intercambio de apoyos y fidelidades mutuas, que si no se cumplía o se rompía por cualquiera de las dos partes daba lugar a la felonía, y cuya jerarquía se complicaba en forma piramidal (el vasallo era a su vez señor de vasallos); y por otro lado el feudo como unidad económica y de relaciones sociales de producción, entre el señor feudal y siervos, no un contrato igualatorio para ambos, sino una imposición violenta justificada ideológicamente como un quid pro quo de protección a cambio de trabajo y sumisión.

 

Inmixtio manum

Por tanto, la realidad que se enuncia como relaciones feudo-vasalláticas es realmente un término que incluye dos tipos de relación social de naturaleza completamente distinta:

El vasallaje era un pacto entre dos miembros de la nobleza de distinta categoría. El caballero de menor rango se convertía en vasallo (vassus) del noble más poderoso, que se convertía en su señor (dominus), por medio del Homenaje e Investidura, en una ceremonia realizada en la torre del homenaje del señor. El homenaje (homage) –del vasallo al señor– consistía en la postración –habitualmente de rodillas-, el osculum (beso), la inmixtio manum –las manos del vasallo, unidas en posición orante, eran acogidas entre las del señor-, y alguna frase que reconociera haberse convertido en su hombre. Tras el homenaje se producía la investidura que representaba la entrega de un feudo al vasallo.

La economía feudal

Las invasiones que sufre Europa durante más de cien años (normandos, musulmanes, eslavos) con la caída del Imperio romano y el posterior debilitamiento del Imperio carolingio frenarán la actividad económica hasta las puertas del año 1000.

Es en este momento cuando se extienden modernas técnicas agrícolas que, existiendo anteriormente, habían quedado reducidas a pocos espacios territoriales. Entre ellos cabe destacar el aumento en el uso de los molinos de agua como fuerza motriz y de las acequias para riesgo, extendiendo los cultivos y liberando mano de obra. Además, mejoran los métodos de enganche de los animales, especialmente el caballo y el buey, cuya cría aumenta de manera notable y permitirá disponer de animales de tiro en abundancia. Los instrumentos de uso agrícola, como el arado o la azada, generalmente de madera, son sustituidos por otros de hierro.

 

Feudo

La explotación agraria feudal era de subsistencia. Los siervos  cultivaban lo suficiente para mantenerse a sí mismos y para pagar los diezmos a la Iglesia y la renta al señor. De la recolecta se separaban también las semillas necesarias para la siguiente siembra.

Los cultivos se organizaban en torno a las poblaciones en tres anillos. El primero y más cercano a la población se dedicaba a las frutas y hortalizas. El segundo era para los cereales, principal sustento de la época. El tercer núcleo eran tierras de pasto y monte explotadas de forma comunal.

La rotación de cultivos era el principal sistema utilizado para evitar el deterioro de la tierra. Este método consiste en dejar descansar un tiempo las tierras, al barbecho.

El aumento de la producción como consecuencia de las innovaciones supone ya en el siglo XI una reducción de las prestaciones personales de los siervos a sus señores en cuanto a horas de trabajo, sustituyéndose por el pago de una cuantía económica o en especie.

Se incrementa el número de tierras roturadas y comienza el período de eliminación de los bosques europeos, drenaje de las tierras empantanadas, la extensión de terrenos arados lejos de las aldeas y la construcción dispersa de casas campesinas. Las mejores tierras atraen a una mayor masa de población y se producen migraciones en toda Europa central. El crecimiento de la población es notable a partir del 1050.

A partir del siglo XII, la existencia de excedentes incrementa el comercio más allá de las fronteras del señorío. Las actividades comerciales permiten que surja la burguesía. Las rutas de peregrinaje son los nuevos caminos por donde se abre el comercio. Roma, Jerusalén o Santiago de Compostela son los destinos, pero las comunidades situadas en sus vías de acceso florecen.

 

Ruta de la Seda

Caída del feudalismo

A partir del siglo XIII, la mejora de las técnicas agrícolas y el consiguiente incremento del comercio hizo que la burguesía fuera presionando para que se facilitara la apertura económica de los espacios cerrados de las urbes, se redujeran los tributos de peaje y se garantizaran formas de comercio seguro y una centralización de la administración de justicia e igualdad de las normas en amplios territorios que les permitieran desarrollar su trabajo, al tiempo que garantías de que los que vulnerasen dichas normas serían castigados con igual dureza en los distintos territorios.

Las ciudades que abrían las puertas al comercio y a una mayor libertad de circulación, veían incrementar la riqueza y prosperidad de sus habitantes y las del señor, por lo que con reticencias pero de manera firme se fue diluyendo el modelo. Las alianzas entre señores eran más comunes, no ya tanto para la guerra, como para permitir el desarrollo económico de sus respectivos territorios, y el rey fue el elemento aglutinador de esas alianzas. El feudalismo alcanzó el punto culminante de su desarrollo en el siglo XIII; a partir de entonces inició su decadencia. El subenfeudamiento llegó a tal punto que los señores tuvieron problemas para obtener las prestaciones que debían recibir. Los vasallos prefirieron realizar pagos en metálico (scutagium, ‘tasas por escudo’) a cambio de la ayuda militar debida a sus señores; a su vez éstos tendieron a preferir el dinero, que les permitía contratar tropas profesionales que en muchas ocasiones estaban mejor entrenadas y eran más disciplinadas que los vasallos. Además, el resurgimiento de las tácticas de infantería y la introducción de nuevas armas, como el arco y la pica, hicieron que la caballería no fuera ya un factor decisivo para la guerra. La decadencia del feudalismo se aceleró en los siglos XIV y XV. Durante la guerra de los Cien Años, las caballerías francesa e inglesa combatieron duramente, pero las batallas se ganaron en gran medida por los soldados profesionales y en especial por los arqueros de a pie. Los soldados profesionales combatieron en unidades cuyos jefes habían prestado juramento de homenaje y fidelidad a un príncipe, pero con contratos no hereditarios y que normalmente tenían una duración de meses o años. Este ‘feudalismo bastardo’ estaba a un paso del sistema de mercenarios, que ya había triunfado en la Italia de los condotieros renacentistas.

 

Caballero en la Guerra de los Cien Años

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Qadesh (Primera parte)


[…] En 1274 a.C. Ramsés II dirigió sus tropas hacia Siria para enfrentarse a un poderoso enemigo: los hititas, encabezados  por Muwatalli II. La narración de la batalla -que apenas duró una jornada- ha quedado esculpida en los principales templos de Egipto. Se considera, por ello, el primer relato documentado de la táctica militar de la historia, además de ser la primera que dio lugar a un tratado de paz que ha llegado hasta nuestros días. El extraordinario aparato de propaganda de Ramsés II logró hacer pasar este episodio por una gran victoria, pero la verdad es muy distinta. Para muchos historiadores, este faraón fue de uno de los primeros genios de la propaganda personal y política. Las investigaciones de los relieves del «Poema de Pentaur», que recoge el relato de la confrontación y que mandó escribir el faraón, han desvelado la verdad histórica oculta tras la parcial versión egipcia, la de los aparentes vencedores.

PRIMERA GUERRA DOCUMENTADA

La batalla de Qadesh no es la más antigua de la que hay constancia en la historia. Los seres humanos llevan matándose desde Caín y Abel, según narra el Génesis. Con la anterioridad a esta confrontación se conocen otras, como la batalla de Megido, en el siglo XV a.C., con los mismos contrincantes: el ejército del faraón Tutmosis o Tutmés III (1479-1425 a.C.), el gran artífice del imperio egipcio, que en diecisiete campañas asiáticas convalidó Egipto como gran potencia, la coalición de los príncipes de Qadesh y Megido, situada al este del río Éufrates. Dos siglos después, egipcios e hititas seguirían riñendo por la posesión de ese territorio.

     De bastante tiempo antes también hay constancia de las campañas de Hammurabi, rey de Babilonia, en el siglo XVIII antes de nuestra era, o de los enfrentamientos en Mesopotamia entre diferentes reinos y ciudades-estado, que combatían por la hegemonía de la zona entre los ríos Tigris y Éufrates. Sin embargo, los documentos antiguos que ilustran estos conflictos no han llegado hasta nuestros días. Sólo han quedado sus huellas remotas en la arqueología.

     En contraposición, la batalla de Qadesh está bien detallada en papiros y relieves de templos que han sobrevivido durante milenios. Por lo tanto, tiene el honor de ser la primera en la historia que puede ser reconstruida gracias a los numerosos documentos egipcios y a una carta en alfabeto cuneiforme de Ramsés al rey hitita Hatusil III encontrada en Anatolia. «Es la primera batalla narrada de la que tenemos constancia. Hubo antes otras más importantes, pero nadie se fija en ellas o no están tan deformadas por los aficionados como ésta, que llena de inexactitudes las innumerables páginas de internet», sostiene Jesús J. Urruela Quesada, profesor de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid.

     De hecho, investigadores de la ciencia militar, analistas, historiadores, egiptólogos, militares y aficionados de todo el mundo llevan siglos estudiando la que se considera la última gran batalla de la Edad del Bronce -o la primera gran batalla de la Antigüedad, según la egiptóloga francesa Christine D. Noblecourt- gracias a todo tipo de detalles sobre el armamento y las referencias sobre la estrategia que se empleó, y de los que hoy hay constancia.

     Claro que su atractivo no está solo motivado por lo que supone en la historia el cambio de una tecnología militar a otra. Además, resulta interesante seguir su desarrollo en las tres fuentes antiguas perfectamente conservadas hasta hoy: el «Poema de Pentaur», extenso relato lírico de los sucesos que compuso el escriba personal del soberano; el «Informe» o «Boletín» militar conservado en forma de bajorrelieves que sobreviven al tiempo en cinco santuarios: en el Rameseum (el templo funerario de Ramsés II), Luxor, Abidos, Abu Simbel y Amón en Karnak; y el documento que formalizó la tregua entre ambos contrincantes, considerado el primer tratado de paz de la historia, con las diferentes versiones de los egipcios y los hititas.

     Pero no está sólo el poder de seducción de Qadesh. Esta batalla interesa a los estudiosos porque se trata de uno de los momentos más apasionantes de la historia de Egipto, ejemplo de la mejor vocación imperialista de los faraones, así como, en especial, de la maestría propagandística de Ramsés II.

     Exactamente, ¿cuándo ocurrió esta confrontación? En las culturas antiguas no es fácil datar adecuadamente los acontecimientos de acuerdo con la cronología actual. Los textos con frecuencia se contradicen, no están claros o simplemente falta información para fechar con exactitud. Los restos arqueológicos dan una datación aproximada.

     En la cronología egipcia, además, el tiempo se contaba partiendo del inicio del reinado de un faraón y dentro de la correspondiente dinastía. Con cada nuevo faraón se comenzaba de nuevo. Respecto a Qadesh, los textos egipcios hablan del quinto año de reinado de Ramsés II; el problema es que no está claro en qué año este faraón subió al trono. «Hay hasta tres cronologías egipcias diferentes. Los historiadores sabemos que nos equivocamos pero el problema está en que no sabemos si es hacia arriba o por debajo el desfase cronológico», afirma Jesús Urruela.

     Sobre el comienzo del reinado de Ramsés II, Claude Vandersleyen en su obra L’ Égypte et la vallée du Nil dice: «Saber con certeza la fecha, en cronología absoluta, en que Ramsés II llegó a ser rey es aún imposible. Tres fechas están en juego: 1304, 1290 o 1279 a.C. Cada una tiene sus partidarios. La tendencia es adoptar la fecha más baja, 1279». Así pues, habiendo sido la batalla de Qadesh en el quinto año de reinado de Ramsés II, sólo habría que restar cinco años a cada una de estas tres posibilidades para tener las respectivas posibles fechas de la contienda, habiendo preferencia, según este autor, por la más tardía: 1275-1274. De esta forma, la legendaria batalla se suele fechar en el verano de 1274 a.C.

Ramsés II en batalla

EL DOMINIO DE LAS RUTAS COMERCIALES SIRIAS

La rivalidad entre egipcios e hititas -conglomerado de tribus con una herencia cultural común que se instalaron en Anatolia hacia el año 2000 antes de nuestra era- se venía arrastrando desde un par de siglos antes y, sobre todo, desde la época del faraón Ajenatón (1352-1336 a.C.), quien descuidó su política exterior, debilidad que permitió que los hititas se anexionaran varias ciudades sirias sometidas a Egipto «en ese Oriente Próximo en perpetuo conflicto y formado por infinidad de ciudades-estados», explica la egiptóloga Noblecourt […].

     Esta pérdida territorial se convertiría en el caballo de batalla de los faraones de la XVIII y la XIX Dinastía. Durante el Imperio Nuevo (que comienza con la reunificación de Egipto en 1550 a.C. y está compuesto por las dinastías XVIII, XIX y XX), los faraones que adoptaron una política de conquista y de intervención en el extranjero, crearon un ejército profesional de gran prestigio. Dos siglos antes que Ramsés II, Tutmosis III dispuso de valerosos oficiales y de una tropa bien entrenada para luchar en sus diecisiete batallas.

     Por su parte los hititas, al verse acorralados por sus vecinos, tuvieron que basarse en su capacidad militar para sobrevivir como estado; su imperialismo se caracterizó, sobre todo, por su interés en la ocupación permanente de las ciudades-estado de Siria.

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Documental de la batalla Qadesh


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